«Mi voluntariado en el Jardín Botánico me ayuda a hacer comunidad y a respirar»

Hace más de un año, cuando Caracas vivía días convulsionados por las protestas políticas, Lilibeth Urdaneta, comenzó su voluntariado en el Jardín Botánico de la UCV. En ese momento, la maleza crecía a sus anchas en este enclave verde de la ciudad y muchos habían perdido el interés por visitarlo. 

«Prendí la radio, escuché la invitación y asistí. Para mí, eran momentos de mucha frustración. Estar allí respondía a mi necesidad de canalizar una energía, de hacer comunidad y de respirar». Lilibeth llegó en el momento justo a esas 17 hectáreas de vegetación y no le tuvo miedo al monte. 

Esta licenciada en Ciencias Pedagógicas, graduada en la UCAB, toda su vida vivió muy cerca del Jardín y paradógicamente solo vino a conocerlo ahora que vive bastante lejos. «Pero lo vengo a conocer dándole cariño, lo que lo hace más mío y, gracias a que yo lo conozco, la gente que está a mi alrededor también lo conoce. Ha sido muy grato poderles llevar esta experiencia a mis alumnos y a mis compañeros de trabajo». 

Cada sábado, esta docente se convierte en jardinera, una que al inicio no tenía guantes ni pala, pero sí muchas ganas de cambiarle la cara al Botánico. «Ahora tengo unos guantes de nieve que ya están todos rotos y los remiendo y se vuelven a romper porque es parte del trabajo. Pero disfruto mucho las labores de mantenimiento porque ves el avance, hablas con el otro, es un momento de conexión con la naturaleza y de desconexión con lo externo, con la rutina», dice Lilibeth, quien ha encontrado en los demás voluntarios del Jardín una comunidad con gustos afines a los suyos, que disfrutan organizando actividades de conservación, observación de flora y fauna, entre otras. 

«Uno nunca sabe a quien inspira, por eso es que me contenta este voluntariado. Me encanta ver a un adulto mayor sentado en su sillita y limpiando el espacio en la medida de sus posibilidades, porque tú das hasta donde puedes dar, hasta donde sabes dar. Cuando salgo del Jardín Botánico recargo las pilas, soy más productiva, trato mejor a la gente, entiendo el por qué hago lo que hago. A veces en el caos uno se desenfoca, da valor a lo urgente en lugar de lo importante. Y no hay nada más importante que la presencia». 

Para recuperar su verdor, este pulmón vegetal de la ciudad necesita seguir sumando más personas y tiempo. Si quieres acompañar a Lilibeth en este voluntariado puedes visitar el Jardín Botánico los días sábado de 9:00 a.m. a 12 o llamar al 0414 2374620.  

Leave a reply